martes, 14 de julio de 2009

Tras las líneas de Nazca





En el desierto peruano, desde el aire se puede ver que el suelo "vive" en los contornos de grandes figuras geométricas y seres vivos como arañas, pájaros, monos, peces, serpientes, flores pero también dioses.
Algunas de estas figuras son tan grandes como dos canchas de futbol y algunas de las líneas tienen más de 65 kilómetros de largo.
No se sabe cuantos años han permanecido allí; se especula entre 700 y 1500. Están dibujadas en la tierra, en esta zona de Perú donde llueve poco y casi no hay erosión.
También se encuentran estatuas, edificios y bajorelieves. Algunas representan cuatro razas de hombres, otros de estos bajorelieves se ven a determinada hora del día y una época del año. Algunos representan animales de otros continentes como leones y camellos.
Cuando vez todas estas líneas, la pregunta salta sola: ¿quién las trazó?
Un inca, Tupac Yupanqui dijo: "Los hombres blancos de las estrellas los hicieron...los hicieron iguales a ellos, como los extranjeros que viven en las cuatro comarcas del mundo...."
La Dra. María Reiche, astrónoma alemana, demoró más de 20 años en trazar en un plano las líneas de Nazca. Cree que las mismas representan un inmenso calendario del desierto.
Los indígenas dicen que no fueron los incas, sino una raza anterior a ellos ya que los triángulos y trapezoides no tienen relación con los caminos del Inca.
Los que creen en seres del espacio exterior dicen que las líneas fueron realizadas por éstos o que ordenaron a los terrícolas de la zona hacerlas. Creen que un tren aéreo volando a poca altura del suelo, sopló la suciedad de la superficie, dejando al descubierto los diseños.
Aún nadie da por sentado nada, sigue siendo un misterio. Para verlas hay que sobrevolarlas. Por algunos dólares muchas empresas de aeroplanos le dan el viaje para que Ud. aprecie desde el aire las líneas de Nazca.
Y una vez que las ha visitado, todavía seguirá con la incógnita: ¿Quién trazó las líneas e hizo los grabados?

lunes, 13 de julio de 2009

Las supersticiones


Las supersticiones es un tema trillado, pero no por ello deja de ser interesante. Y no me diga que alguna vez no cruzó los dedos, invocó a Dios o algún Santo, no pasó por debajo de una escalera y si vio un gato negro cruzó de vereda. Si no hizo nada de eso y sigue insistiendo que no es supersticioso, otras personas si lo son o lo han sido.
Hitler simpatizaba con el número 7. Las batallas más importantes las planificaba el día 7 de cada mes.
Cornelius Vanderbilt ( financiero estadounidense del siglo pasado) tenía las patas de su cama metidas en platos con sal, para impedir la entrada de los espíritus del mal.
Somerset Maugham (escritor británico) se hizo grabar el símbolo del "mal de ojo" en la chimenea, pero también lo hizo imprimir en su papelería personal y en sus libros.
Napoleón Bonaparte temía a los gatos (ailurofobia) y al número trece.
Winston Churchill al contrario de mucha gente, acariciaba gatos negros para atraer la buena suerte.
Al Jonson se ponía siempre ropa vieja cuando estrenaba un espectáculo.
El almirante Nelson mandó clavar una herradura en el palo mayor de su nave y el presidente estaounidense Harry S. Truman, tenía colgada una herradura de caballo en la puerta de su despacho de la casa Blanca.
Y como estos personajes famosos, hay cientos más anónimos que también hacen las suyas. Pero para terminar voy a recordar estas palabras que escribió Shakespeare: " A los muchos que tropiezan en el umbral, bueno es decirles que el peligro acecha dentro."

domingo, 12 de julio de 2009

Leyendo a Patai



Hace unos días recibí de la OEA una propuesta para participar enviando sugerencias acerca del papel de la mujer en época de crisis. Esto lo comenté con amigas y por supuesto hablamos de todas las posibles cosas que las mujeres podemos hacer y no faltó quien aludiera a las mujeres árabes. Allí comenzó otra discusión, dado que lo poco que sabemos de esa cultura nos impide a la mayoría, hablar con autoridad sobre el tema. Pero una de ellas sugirió leer un libro de Rapahel Patai, titulado The Arab Mind (La mentalidad árabe), donde el autor hace referencia entre otras cosas, al estatus de la mujer árabe.

Patai es un antropólogo húngaro-judío, que vivió algunos años en palestina y luego en Estados Unidos, enseñando en las principales universidades de aquel país y también fue consultor de las Naciones Unidas en temas sobre Siria, Líbano y otros países del Oriente Medio. Falleció en 1996 a los 85 años y escribió muchos libros, entre ellos The Arab Mind. Un libro que al menos aquí en Montevideo no conseguí, pero logré leer extractos en internet.

Patai dice que en la sociedad árabe tradicional, no existe la posibilidad de soñar siquiera que una mujer salga a la calle con su marido, menos uno junto al otro y ni que hablar de tomarse del brazo o de las manos. Esta forma de proceder sería juzgada como indecente ya que esos hechos quedan para la intimidad, entendiendo como tal, el dormitorio. En presencia de los hijos, padres u otras personas en la casa, el contacto entre marido y mujer se encuentra sujeto a restricciones.

La palabra "esposa" (zawja) en árabe se considera una indiscreción porque tiene connotaciones sexuales porque deriva del verbo que significa acoplarse. Para nombrar a la esposa, utilizan eufemismos o circunloquios tales como "mi señora", "mujer", "lo prohibido", "lo santificado", "hija del pueblo" y en algunos casos "mi prima" (aunque no lo sea) o "hermana mía.

Como vemos, tanto que luchamos por estos lares por la igualdad y mejores oportunidades para nosotras, en otros lugares, conseguir ser llamada esposa, está aun muy, pero muy lejor de ser una realidad.