"Una buena esposa es la que da placer a su marido aunque no le apetezca, así que vete preparándote".
"Un buen padre debe velar por sus hijos, y si pienso que debes estudiar medicina en vez de dedicarte a la pintura lo hago por tu bien".
"¿Puedes darme una buena explicación por la qué entienda yo que has llegado a las 17:35 y no a las 17:30 como quedamos?"
"Quiero que me planches los pantalones con raya, cómo a mí me gustan, ¿es qué tu no sabes nada?".
....Y así muchas cosas más, que a veces se escuchan en determinadas parejas.
Aunque el maltrato psicológico no deja marcas ni pone en peligro la vida, sus consecuencias son tan nefastas como los golpes.
Este tipo de maltrato va marcando a fondo la mente hasta llegar a la destrucción psicológica de la víctima.
El maltrato psicológico se basa en comportamientos intencionados, ejecutados desde una posición de poder y encaminados a desvalorizar, producir daño psíquico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal. Su padecimiento lleva a la despersonalización, al mismo tiempo que genera dependencia de la persona que los inflige. El maltratador se vale para ello de insultos, acusaciones, amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones, silencios, indiferencias y desprecios.
En la esfera de lo privado, aunque los hombres también lo sufren, las mujeres son las víctimas mayoritarias. Se produce asimismo en la relación de los padres con los hijos, en la que se ha detectado un incremento del maltrato de los hijos sobre sus progenitores, consecuencia de una educación cada vez más permisiva y del uso de la violencia en los conflictos del mundo de los adultos. En el ámbito público, el maltrato psicológico está presente en el mundo laboral, el conocido como "mobbing", y en el escolar, el llamado "bullying".
Aquellas mujeres que no hemos padecido situaciones de este tipo, nos preguntamos ¿por qué no se va?, ¿por qué no lo deja?. Las agresiones continuadas, tanto verbales como no verbales (el silencio, la indeferencia, los gestos...), crean una relación siniestra de dependencia entre el maltratador y la víctima. Ambos terminan necesitándose. La víctima porque sola siente que no es nadie y el miedo y la angustia la paralizan, y el maltratador porque se siente que es alguien a través de la dominación que ejerce. La situación de dependencia es tal que la víctima termina protegiendo y disculpando al maltratador. Recorre hasta ahí un proceso destructivo en el que va perdiendo la confianza en sí misma y la capacidad de respuesta, se va anulando y va interiorizando que de allí no se sale y abandona toda esperanza. La víctima se victimiza más.
Día a día leemos o vemos en las noticias, casos de mujeres maltratadas físicamente, pero no sobre maltrato psicológico, maltrato éste que ha aumentado notoriamente a pesar de la mayor independización de la mujer.
Por eso esta reflexión. Es necesario estar alerta a la agresión de palabras y si sucede, consultarlo, comentarlo. No te encierres, porque las consecuencias pueden ser graves. Respétate.
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